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FORMACIÓN DEL EXPEDIENTE
Todos los castigos caen con la saña
Del tiempo cual golpazo en la cabeza
De un clavo dócil y como nunca el lodo
Y el orín se te untan en la piel y te quedas
Asqueado de cada paso que das de su perfume
Fétido de su excremento oloroso y por más que
Te preguntas y respondes por la causa de este precio
Tus ojos desbocados se encargan de penetrar la noche
Con la que tu espalda hace parentela por los relámpagos
Del látigo y tu voz que truena como alarido de fiera da
Zarpazos ciegos contra un enemigo brutal e invisible sin
Ninguna bandera que en lontananza reclame tu libertad
Porque la esclavitud se empeña en pregonar su eternidad
Aunque en el fondo del río descubres una piedra que rueda
Y que roe las entrañas del monstruo envejeciendo su confianza
Y tu único júbilo es saber que estás vivo
Y que el domador es un muerto que respira por el látigo.
(De: Código de Construcción Civil).
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